Corta la mantequilla, fría y firme, en trozos.
Trabaja la mantequilla con un tenedor normal hasta que quede blanda.
Vierte la leche condensada a temperatura ambiente en un bol. Bate bien con unas varillas metálicas hasta que se disuelvan los trozos de mantequilla.
Añade la vainilla en polvo y 150 g de coco rallado.
Mezcla con suavidad con una cuchara, de abajo hacia arriba. El resultado debe ser una mezcla bastante espesa, viscosa y pegajosa.
Cubre el bol con film transparente, de modo que quede todo bien tapado, y refrigera durante 24 horas. Si quieres hacerlo más rápido, pon el bol bien cubierto en el congelador durante una hora.
Antes de formar las bolitas de Raffaello, prepara los frutos secos: almendras y anacardos. Este relleno aportará un aroma delicioso y un sabor sutil, además de enriquecer el dulce con vitaminas B y E, buenas para la actividad cerebral, el sistema inmunitario y la piel.
Toma con una cucharilla la mezcla fría y endurecida, y forma con las manos una bolita compacta y densa. Rebózala en coco rallado.
Corta la bolita con un cuchillo y coloca en el centro un fruto seco, alternando: almendra en una bolita, anacardo en otra.
Vuelve a rebozar cada bolita en coco rallado. Usa toda la mezcla preparada siguiendo el mismo método.